domingo, 30 de diciembre de 2007

El Castillo de ayer. (2ª parte y final)













...Hermosos y enormes tapices de miles de colores distintos, representando animales, sobre todo gatos, colgaban de las murallas. Los vidrios de las ventanas eran vitrales de magnifica belleza, que aportaban con su brillo calidez y solemnidad al iluminado salón, el suelo estaba cubierto por baldosas de dos colores, blancas y verdes y dispuestas en un diseño tan particular que parecía que el suelo se movía. Enormes muebles enchapados en oro se agolpaban en los rincones y ni una mota de polvo o suciedad podía verse en ningún lugar
Y el castillo habló. Le explicó a la niña con voz de años y mármol la historia de su gloria pasada y de cómo una enorme tristeza había cerrado sus puertas y apagado sus antorchas.
Lo que antes fueran risas, cantos, fiestas y bailes, un día se habían ido para dar paso al silencio y el olvido, le contó de cómo extrañaba esa alegría y de las veces que había rogado que el fuego de la luz iluminase su pecho una vez mas, como había pedido llorando por sus torres que una voz una vez mas la habitase y que pasos sonoros y contentos se oyesen una vez mas por sus pasillos. Habían sido tantos sus ruegos y era tanta su soledad que los gatos, esas criaturas de la noche que saben mas que nosotros y tienen menos miedo, habían decidido acompañarlo y hacer menos triste su espera.
La niña lo escuchó mientras sus ojos recorrían todos los salones uno a uno y se noto como se alegraban y brillaban cada vez los cruzaba. Sus ojos vieron esa belleza latente, dormida y ansiosa por ser descubierta, miro la enorme biblioteca y sus muros y muros repletos de libros, como el conocimiento de una vida mordiendo entre las hojas. Esperando.
Y la niña vio a los gatos, miles de gatos de todas las razas y colores que dormían y descansaban aquí, allí y en todos los lugares, como esfinges solemnes habitando en la espera del tiempo.
El castillo, después de terminar de contar su historia, le pidió a la pequeña pastora que se quedase y habitase en el, le ofreció toda su belleza, todo cuanto tenia en su interior, sus tesoros ocultos, sus salones y sus columnas, su riqueza. Le ofreció la vida de una reina, el conocimiento de un hada, el amor de un sueño, le ofreció todo y más con tal de que se quedase y le devolviese la alegría. La niña miró todo cuanto la rodeaba, oyó la ansiosa propuesta y sintió como en silencio esperaba su respuesta, la abrazaba como un manto de terciopelo. Y recordó su casa, recordó los campos por los que corría, sus amigos y su familia, su libertad.
Y dijo que no. Agradeció al castillo silencioso el tiempo que le había quitado y que le hubiese resguardado de la lluvia y que le hubiese mostrado todos sus secretos, pero sonriendo y viendo que la lluvia había cesado se dirigió a la puerta, salió y se fue. Todas las antorchas se apagaron y el silencio una vez mas se hizo dueño del castillo. Al día siguiente la niña volvió al lugar pero no encontró nada. Ninguna construcción se alzaba del suelo y lo que era mas curioso, nadie parecía acordarse de que allí alguna vez hubo un castillo. Solo ella.
Y aquella noche mientras acariciaba su gato antes de dormir se preguntó si quizás aquello no había sido un sueño. Si, fue un sueño se dijo, y se durmió.

Fin.

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Cursi, but...anyway.


"Eres nadie hasta que alguien te ama."

sábado, 29 de diciembre de 2007

[Interludio]

  1. Algo amnésica, sintética, invisible.
  2. Algo escritora, algo snob, izquierdista y media chovinista...
  3. Algo tarada, algo morocha, algo....algo.

viernes, 28 de diciembre de 2007

El Castillo de ayer. (1ª parte)


Érase una vez, hace mucho mucho tiempo, en un lugar muy muy muy lejano, un castillo.
La gente que habitaba en los alrededores lo conocía como el castillo de ayer. Hacia mucho tiempo que el castillo estaba deshabitado y los únicos que se atrevían a cruzar los enormes y antiguos arcos de la entrada eran los gatos y por eso el lugar había adquirido la fama de estar embrujado. Ya no había grandes bailes ni fiestas que iluminaran sus enormes salones y hacia mucho que la luz de la alegría no brillaba en sus antorchas. El castillo estaba abandonado y a nadie parecía importarle.
Un día, un día particularmente lúgubre en que el cielo se había abierto para descargar su furia sobre la tierra y enormes y brillantes relámpagos se hacían sentir sobre la vetusta construcción, una niña que había ido a buscar a una oveja extraviada se encontró de pronto bajo esta terrible tormenta, sin refugio y lejos de su hogar tratando de esconderse del temible aguacero, corriendo bajo los árboles desnudos, un trueno particularmente potente iluminó el paisaje frente a ella. A pocos metros se alzaba el castillo abandonado, oscuro y tenebroso.
Mojada hasta los huesos y temblando de frío decidió vencer el temor que le inspiraba la tétrica construcción y buscar cobijo en el interior. Se acercó a la enorme puerta de roble y haciendo un gran esfuerzo logro hacer chirriar las oscuras hojas de la puerta hasta lograr el espacio suficiente para escurrirse hacia el interior.
Adentro reinaba la más absoluta oscuridad y el silencio reemplazó a las gotas. La niña tuvo que buscar entre sus ropas una roca con la que golpeando las paredes sacó algunas chispas que encendieron un diminuto fuego. El resplandor era tan tenue que solo alumbraba dos pasos a su alrededor, pero por lo menos había luz.
Acercando su pequeño fuego a una de las viejas antorchas comprobó con alegría que esta aún se encendía. Entonces un maullido profundo como un eco se hizo oír en las tinieblas sordas de la estancia. Abriendo mucho los ojos y con mucho miedo la niña recordó de pronto las temibles historias que se contaban de aquel lugar. Haciendo valor y tragándose el miedo la niña pregunto en voz alta: “¿hola?”. Como una respuesta a su pregunta un leve temblor sacudió el suelo, el aire mismo pareció temblar y el silencio se convirtió en un murmullo oscuro y pesado como una respiración. Sin dar crédito a lo que veía la niña fue testigo de cómo una a una todas las antorchas del lugar se encendían revelando el interior que hasta el momento le estaba oculto...

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Cursi...cierto?


jueves, 27 de diciembre de 2007

Chicken run. (3ª parte y final.)



...En cambio, nuestro Jaguar volcó y dio varias vueltas de campana antes de detenerse. El modelo que la Anto había robado especialmente para la ocasión tenía doble airbag y habitáculo central indeformable, por lo que después de unos segundos emergíamos relativamente ilesos de entre un cubo de metales retorcidos que segundos antes fue un hermoso sedán de lujo.
Del otro auto no quedo prácticamente nada. Las únicas piezas reconocibles eran el tren trasero, que colgaba de una gruesa rama, y una luz naranja que se negaba a apagarse.
Todo apestaba a gasolina y del sujeto no había rastro. Aunque viendo el desastre, no tenía ganas de averiguar su estado.
Entonces escuché la voz de la Anto. Se reía. – AJAJAJAJAAA AHÍ TENÍ!! COMO TE QUEDÓ EL OJO, CUICO Y LA CONCHETUMADRE!!!- gritó, mientras levantaba sus dedos medios y saltaba. Su chaqueta estaba rota y solo conservaba una cola, al igual que un solo vidrio de sus anteojos.
-¿y?- me dijo extendiendo las manos. Yo le entregué un par de revólveres negros, de mango ergonométrico y una letra de oro grabada. "A".
- QUE TENÍS EN LA CABEZA, LOCA DE MIERDA?? ¡¡¡ ESE AUTO ME COSTO NUEVE MILLONES DE PESOS!!!HIJA DE LA GRAN PUTA!!!-
Era el tipo del coupé. Al parecer había logrado saltar del auto cuando vio que iba a estrellarse, sin sufrir mayores heridas que un corte en la frente que sangraba copiosamente y un brazo que, por la extraña forma de oscilar, estaba roto a la altura del codo.
Saltar del auto fue inteligente.
Gritarle insultos a alguien que acaba de tratar de matarte no fue inteligente.
Antonia le apuntó a las piernas. Momentos después el tipo caía de bruces al suelo, con dos agujeros redondos y prolijos en sus rodillas. Y por lo que se puso a gritar, descubrimos que era alemán, con lo que Anto amplió su repertorio a niveles internacionales.
- gracias.- me dijo.
Le sonreí y sacándole los anteojos rotos suspiré.- te compro lentes nuevos si me prometes no decir más garabatos...-
- no los necesito tanto.- rió.

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Gracias a ti.

lunes, 24 de diciembre de 2007

Chicken run. (2ª parte.)


...La Antonia se asomó por la ventana y un globo de chicle rosado explotó en su boca. Iba vestida con su chaqueta de cuero café y una polera de Hello Kitty, además de usar 2 colitas hechas con dos chapes de colores. Los ojos verdes estaban ocultos por un par de lentes de sol, como los que usan los pilotos.
- así que serás tú- la apuntó con el dedo medio.- y yo.-
La verdad es que yo no tenía por que estar en aquel lugar, pero la posibilidad de experimentar algo tan potencialmente mortal me era irresistible.
Los motores sonaban roncos pero furiosos, y en la radio a algún gracioso se le había ocurrido programar el tema “my favorite game” de los Cardigans. La aguja del contador de revoluciones se volvía loca con cada compás. Anto miró por la ventanilla y observó a su contrincante.
Este le sonrió y le envió un beso a la vez que subía el cristal ahumado y se disponía a empezar. – conchetu...- dijo la Anto, y resopló un mechón de cabello que le caía en la cara. Puso primera y apretó el acelerador. Un gordo en chaleco a rombos se paró frente nosotros. Bebió una cerveza y levantó la botella vacía. Era una Heineken. De pronto, la arrojó al suelo. Y partimos.
Los primeros doscientos metros fuimos parejos. Pero lentamente, el auto azul nos adelantó. Mientras nos sacaba un cuerpo de ventaja, me di cuenta que nuestro motor no estaba a plena potencia. Vi a la Anto morderse los labios, y mirar por el espejo retrovisor. Las luces de los otros vehículos desaparecieron. Estábamos fuera de la vista de todos.
– ahora vas a ver, mierda.- dijo, y aceleró hasta colocarse justo detrás del parachoques trasero del coupé.
- sujétate.- diciendo esto embistió. Íbamos a unos doscientos kilómetros por hora. El Jaguar se estremeció con el impacto, pero el otro auto perdió el control. Las ruedas traseras se levantaron del pavimento mientras el B.M.W. se iba poniendo vertical. Las chispas golpearon el parabrisas al mismo tiempo que nuestro capó se desprendía y aleteaba como una mariposa de metal negro.
Entonces, cuando el coche azul volaba paralelo al cemento a una velocidad vertiginosa, esta se vio reducida violentamente a cero cuando chocó con los árboles del final del camino, para los que el impacto no significo nada más que perder algunas hojas y un movimiento de escasos centímetros de sus raíces centenarias…

C'est la vie.

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sábado, 22 de diciembre de 2007

Chicken run. (1ª parte.)


Desde hacía algunos años, en el sector cuico de la ciudad, se llevaban a cabo ciertas carreras ilegales de autos. A altas horas de la madrugada, en una colina en medio de una urbanización residencial, se corren una suerte de carreras entre jóvenes de la alta sociedad. Ellos son hijos del consumo, de las familias “perfectas”, los grandes apellidos con más de una “R”, el ennui. Adolescentes, a los que los llamados deportes extremos resultan aburridos, ansiosos por escapar de sus burbujas de civilidad, se entregan a estas competencias sin otro afán que el disparo de adrenalina.
La carrera consiste en dos autos colocados uno al lado del otro, y a la señal convenida, parten bajando la cuesta a toda velocidad hasta perderse después de unos segundos.
Corren así hasta llegar a una curva y se declara ganador al ultimo en detenerse antes de chocar con los árboles que bordean el camino. Aparte de los que compiten, no se sabe quien gana o pierde, ya que el final no puede verse desde arriba. Eso era lo “bonito” del asunto, el anonimato tanto de vencedores como de vencidos. Cuántos se habían matado en esto no era seguro, aunque se decía que la cifra se acercaba a los tres dígitos.
La llamaban chicken run.
Esa noche llegamos en el preciso instante en el que dos vehículos partían rugiendo hacia la oscuridad. Un grupo de jóvenes en diferentes coches gritaron y aplaudieron al vernos llegar. Íbamos en un Jaguar negro último modelo, cinco puertas. Una vez detenidos, me baje del auto y pregunté a viva voz:
- ¿Quién sigue?-
Un tipo parado en el borde de la puerta de un hermoso coupé azul marino, marca B.M.W. deportivo del año, que brillaba con reflejos metálicos, me contestó:
- sigo yo...- y haciendo una pausa dramática me apunto con lentitud.- y tú.-
Se notaba que el sujeto se había “tocado” con algo, ya que sus ojos refulgían con violencia y una risa nerviosa lo atacaba por momentos.
- me parece bien, pero el que quiere correr no soy yo...- repliqué.- sino ella-...

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Te dije que no debía.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Ex Inferis. (7ª parte y final.)


...“Tú. (Nombre impronunciable. Es a mí.) ¿Sigues sin comportarte, verdad? Me temo que tendremos que aumentar las dosis, y la frecuencia de los tratamientos. Espero que aprecies nuestros esfuerzos. La factura de la electricidad se fue a las nubes desde que estas aquí. Pero no te preocupes, tu crédito es bueno.” Me guiña un ojo y señala al suelo.
Hum. Lava.
Entonces las luces se apagan, y una luz cenital, redonda y blanca, señala su aparición. Nunca estoy listo, por más que sepa que tarde o temprano se dejara caer en la fiesta.
Alto, rubio, delgado. Un Dios entre mierda de cerdos. Nadie nunca ha usado un traje con más estilo. Solo sus pies están descalzos. Chasquea los dedos, levanta el micrófono.
Un, dos. Un, dos tres.
Bye bye love

Bye bye happinness

Hello emptyness

I think that i’m gonna die...

Eso es más de lo que puedo soportar. Mi grito ahoga todo lo demás, me arranco la piel de la cara con las uñas de los dedos. Empiezo a temblar hasta que caigo al suelo. Las lágrimas queman como ácido, mis ojos explotan hacia adentro. Tengo cloro en las venas. La saliva se cristaliza y cae a grandes trozos punzantes por mi garganta. Lo rompe todo a su paso. Me ahogo con mi propia sangre. Por fin, parece que mi cuerpo se rinde, se muere.
Casi puedo sentir como se desconectan mis pulmones. No hay nada más que negro, nada más que silencio. Nada.
Y entonces despierto. Al lado de mi cama, un tubo de plástico se mete en mi brazo. Se escuchan pitidos, maquinas que gimen y crujen, puede olerse el incienso.
Mis primeras ( últimas ) palabras:
- ¿Por qué?-.

Tendría que haberle hecho caso. El último en salir, que apague la luz. Y por favor, traten de no hacer ruido. Hay gente que trata de dormir.

Ja, ja.

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Thanks you.

jueves, 20 de diciembre de 2007

Ex Inferis. (6ª parte)

...Convulsiona con tanta fuerza que se oye como sus huesos se rompen con chasquidos blandos. Queda convertida en un charco verdoso de gelatina aullante. Una puerta se abre y emerge la figura del Técnico, con látigos y bisturís en las manos. Ruge:

“¡¡DIOS NO EXISTE!! ¡¡NO PUEDE HACERME RESPONSABLE POR ESTOS IMBECILES!! ¡¡ATRÁS, ATRÁS!!! ¡¡CIENCIA, MATER REGINA!!”
Y al mismo tiempo azota a los pacientes, le sale bilis amarilla por debajo de la mascarilla, hace hogueras con pilas de papeles burocráticos que otorgan poderes plenipotenciarios sobre los cuerpos y las almas, estas últimas marcadas con un asterisco, por si acaso existen. Se abre otra puerta y la cabeza del Doctor se asoma. Parece ligeramente sorprendido. Su ojo oscuro se mueve de un lado al otro, centellea con furia, se pone rojo por un derrame imprevisto. Abre la boca despacio y grita con voz de muerto: “La fe debe pagar impuesto. Aquellos que no tengan previsión absténganse de realizar milagros. Usted, ni piense en seguir arrojando sangre por las manos. No hasta que llene este formulario.” Dice esto y se arroja sobre los suicidas potenciales cubierto de papeles y timbres. Mala idea. Privados de cualquier objeto cortante y sin cinturones, empiezan a tragarse sus lenguas. Uno a uno caen con los rostros azules e hinchados, y el Doctor los mira un segundo, para luego timbrarles los párpados con un sello que dice “expirado”.
Al fin llega el Director, vestido como Fred Astaire, un traje de marinero que le queda apretado, la barba blanca oculta casi todo el rostro. Lleva un rayo de papel metálico en una mano, y un lápiz en la otra. Su voz es como un ferrocarril del siglo pasado. Descarrila a cada momento y chirría en las eses. “¿¿Quién es el responsable de este estropicio??”, brama. El silencio es absoluto e inmediato. Lo único que se sigue escuchando son los huesos rotos de la Enfermera.
Pobre, demasiado para ella.
La mole de carne se abre paso entre los cuerpos rotos, desangrados, hediondos y temblorosos. Los fulmina a todos con la mirada, destroza algunas cabezas con gesto hastiado. Y al fondo de la sala, estoy yo.
Se acerca a mí y sonríe con dientes de lobo. (Esto no es una metáfora. El sujeto tenía un lobo gris como mascota, y cuando el perro murió atragantado por un esquizofrénico delirante, mandó fabricar una dentadura postiza con sus dientes.[ Los del lobo, no los del esquizo...] )

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And again...


Ex Inferis. (5ª parte)



...Tengo un sabor metálico en la boca. No puedo cerrarla. Hay un pedazo de plástico en ella. Puedo respirar por un agujero. Sobre mi pecho, manchas de sangre. Al menos no estoy atado.
– ¿Ya despertó?.. ¿Cómo se siente (Nombre impronunciable. Creo que me lo dice a mí.), ubicado? ¿Sabe que día es? ¿La hora?- Tiene que ser una broma.
Mi falta de respuesta le tiene sin cuidado. Podría haber respondido una estrofa completa de “Noche de Paz” y le habría dado lo mismo. No le pagan por escucharnos.
Después de asegurarse que la machina funciona, (deux ex, deux ex) me sacan en una silla de ruedas a la sala de estar. Al parecer tengo visitas. Es una mujer. Los Armarios me observan escondidos detrás de un catatónico. La mujer me acerca una bolsa llena de cosas. Cigarrillos, latas de bebida, chocolates.
La moneda de los locos.
Las aprieto contra mi vientre, me aseguro que existen. Más noticias. Hubo una misa por mí. Todos lloraron, compungidos. (Está oscuro. Luna nueva, me parece. Por aquí nunca pasa nadie. Una mano se posa en mi muslo. Idiota. Aún no me reconoce. Parece sorprendido cuando lo llamo por su nombre. Y se pone a gritar como un cerdo cuando ve el tubo de acero en su frente. Relato como un autómata las cosas que me hicieron, y no puedo evitar sonreír cuando se mea de miedo. Tiembla y se retuerce, y llora cuando le digo que se ponga de rodillas. Aprieto el gatillo, y sus ojos se apagan como una vela. El eco del disparo se pierde entre la maleza. A pesar de estar oscuro, puedo ver la sangre empapando el suelo. Me río, grito, me subo al auto y me voy de ahí. Dejo el cadáver cubierto de miel para que se lo coman los osos. Y después le prendo fuego a los osos. Un infalible plan perfecto.)
La mujer me pregunta como me siento. Tiene que ser una broma.
Se da cuenta que no he dicho nada. De pronto se pone de rodillas y empieza a rezar a gritos, alza los brazos y pone los ojos en blanco. La cabeza se mueve hacia delante y hacia atrás, y la lengua roja salpica una baba rosa sobre todos. Los que pueden empiezan a gritar al unísono, se arrojan al suelo y saltan como peces fuera del agua. El catatónico empieza a hablar en arameo. Su boca se ilumina con rayos eléctricos, levita sobre los Armarios, que se abrazan y gimen, pidiendo un aumento. La Enfermera cae al piso víctima de espasmos religiosos ante la vista del milagro...

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Again.

Ex Inferis. (4ª parte)


...Es una figura ovalada, solo brazos, como un cangrejo. Lleva el rostro cubierto por una mascarilla de tela, que se hincha y arruga según su animo. Los ojos ocultos por unos lentes oscuros, de marco dorado. Usa un delantal verde, de cirujano, apesta a éter. “Y ahora, vamos a freír un huevo en la cabeza de este joven. Usaremos miles de voltios, así que no se alarmen si alguna bombilla estalla. Bien, empecemos. ¿Alguien tiene un huevo?” Se acerca a un niño en la primera fila. Una de sus manos busca entre el cabello del niño, que lo mira con ansia. Y esa ansia se trasforma en paroxismo cuando encuentran un huevo detrás de su oreja. Todos aplauden y ríen, encantados. Mierda, hasta yo aplaudo. Me suben a una camilla cubierta con una hoja gigante de papel higiénico. ¡¡Aleluya!! Grita una mujer. El Técnico le arroja un bisturí. “ ¡¡Nada de Dios en esta sala!! ¡¡Todos los creyentes, retírense avergonzados!!”. Sólo se va la mujer, lamiendo su crucifijo de oro. Un armario estira mi brazo como si fuese un elástico hecho con una llanta vieja. Y usa un elástico hecho de una llanta vieja para separarlo del resto de mi cuerpo. Se me hinchan las venas, la piel adquiere un tono rojizo amoratado. Entonces el Técnico, con un pas de deux exquisito, se coloca a mi lado, blandiendo una hipodérmica como si fuera un estoque. Hay que reconocerlo, el tipo tiene sentido del espectáculo. “Esto es por tu bien. Y por que además tengo un poder legal que me autoriza. ¿No es como una patada?” agrega. Llena la jeringuilla con Pentotal sódico, la examina a contraluz y elimina las minúsculas burbujas con unos golpecillos secos y precisos. Estoy a punto de admirar al hijo de puta. “ ¡Bon voyage!”dice, y sin aviso me clava la aguja. (Es ahora cuando entiendo a los drogadictos. Todo se vuelve blanco, brillante. Pareces flotar y el sonido se puede palpar, como una caricia que necesitas. Se olvidan todas las angustias y solo queda el sueño blanco, seda virgen y muda. Por fin, no estas ahí, no estas en ningún lugar. No existes. Y es maravilloso.) No puedo evitarlo, los sueños me atrapan. Me parece que duermo durante siglos, segundos. Curiosamente las cosas parecen más reales que nunca. Hay explosiones de luz, alegría, alegría, lágrimas de alegría. De pronto algo dentro de mi cabeza escapa abriéndose paso a golpes de martillo. Al principio me río, inmediatamente duele. Mucho. Un golpe especialmente preciso en el lóbulo temporal hace que mis ojos se abran violentamente...

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Con tu permiso nuevamente.


martes, 18 de diciembre de 2007

Ex Inferis. (3ª parte)


...El ojo azul claro gira desde el techo y me recorre desde la nuca. Un escalofrío baja por mi espalda al sentir su tacto de pulpo podrido en mi cuello. Su bata se abre y un tentáculo negro se abre paso en mi pecho, y se posa como hielo que quema en mi tetilla izquierda.La Enfermera ha terminado y se nota que lucha por no sufrir espasmos de éxtasis religioso al llegar al amén final. Una pierna la golpea sordamente y después el Doctor se inclina sobre mí, como si quisiera decirme algo al oído. Su boca como cartón de embalaje se rompe al rozar mi oreja, y una caverna hace oír su eco grave: - No sueñes. – me dijo. Fue en latín, pero logre entenderlo. Ahora el Médico se alza y señala la puerta. Los ojos se juntan y bizquean al chocar. Les dice a los Armarios: - llévenlo a la sala de tratamiento.- Y de un saltito baja de la espalda de la Enfermera, que se desliza sobre su vientre y lo acompaña afuera.- ¿Bonito día, no? Parece que hará calor.- Siempre hace calor. Siempre. Mi cuerpo no responde, y los Armarios me cargan como a un bebe paralítico. Alguien olvida mis piernas. No importa. Tal vez no se las roben.( Alguien una vez me ofreció su mano derecha por una lata de coca cola, y al negarme se la comió frente a mi, sonriendo como un idiota.) Sombras, más sombras se cruzan en el largo pasillo. Se esconden detrás de las plantas, bajo las sillas, se pegan como chicles de carne a las ventanas enrejadas. Un tipo me saluda con las cejas, y musita un calma, tranquilo. Lo conozco. Eso es lo único que dice.
El tiempo parece quebrarse en la esquina, formas ajenas a la geometría euclidiana hacen de aquel un laberinto, un mazo de concreto inescrutable y obsceno. Al final, una puerta sin manija. Ruido de llaves y después se abre en silencio grasoso. Oh, sorpresa. El publico aplaude cuando entro en la sala. Algunos incluso llevan pancartas. Leo. “citius, altius, fortius”. Una y otra vez. Alguien ladra, algunos se sientan y allá lejos una silueta pide silencio con un abanico. Se escucha una fanfarria y se apaga la luz. Los asistentes reprimen un grito de júbilo. Una voz inconfundible anuncia al Técnico. Relata sus hazañas y pone énfasis en la casi milagrosa cremación de los mil cerebros. “Esa vez sólo utilicé una lámpara de lava, un destornillador y tres tenedores. ¡Que vista!. Cráneos y cráneos humeantes, y el olor, cosa fina. Gracias a Samsung por los ventiladores.” Esa es su línea de entrada. Una ovación cerrada retumba en la habitación, arrojando cosas al suelo.

La Enfermera
recoge lo que puede, y limpia el cloroformo con el pelo.
El Técnico hace una reverencia que revela su calva, y por fin puedo verlo...

Con tu permiso Balzac.

Ex Inferis. (2º parte)

...Se mueve con espasmos eléctricos, y los Armarios resuellan por el esfuerzo con alientos que apestan a café y menta.
Curiosamente no dicen nada. La Enfermera hace un salto elástico, y desaparece tras el umbral de la puerta. Deja escapar un “¡Jesús!” cuando casi se resbala por culpa de la sangre de la sombra.
No puedo ver el cadáver. Parece haberse evaporado en una nube de antiséptico. Las pilas de mi cuerpo se agotan. Los Armarios parecen satisfechos. Se miran cómplices y uno de ellos, el más oscuro, hasta me acaricia el mentón. Calma, campeón.
Pero el tierno instante se esfuma cuando un ruido de pasos se escucha en el pasillo. Sus caras se vuelven de acero marrón y se cuadran con un saludo militar. Manos a la frente, cuello erguido, pecho inflado. Un individuo pequeño y gordo hace su aparición. Su cabeza parece estar en precario equilibrio sobre los hombros. Se mueve torpemente, y jadea como un fuelle gastado. Usa unos lentes hechos de culos de botellas de cerveza. Detrás de ellos unos ojos azules y helados, como ojos de insecto. De hecho uno se mueve con vida propia, y observa a los Armarios con lujuria reprimida. Una tos seca, de perro, hace que su papada enorme se balancee y su cabeza ondule sobre sus hombros inexistentes. El ojo más profundo se clava en mi cama, y el Doctor se lleva los dedos a la boca y silba borbotones de saliva negra.
La Enfermera
entra, trae un fardo de papeles verdosos que entrega al Médico, y después de frotarse contra su pierna torcida, se pone en cuatro patas y besa el suelo. Los dos Armarios se acercan y levantan al Doctor, con cuidado de cristal, lo depositan sobre la espalda curvada de la mujer en el piso. Ella exclama “ ¡Oh! “ y empieza a canturrear el Padre Nuestro.
- Bien... Muy bien... – Ojea los papeles, los gira y los escupe. - ¿Y, cómo se siente hoy,(Nombre impronunciable. Creo que es a mí) mejor?-
- Parece que de nuevo no pasó una buena noche... Nada que no pueda mejorarse. Dormonid, treinta gotas durante la vigilia. Agregar Eleval, más un poco de Amparax, en caso de ser necesario... Y va a serlo.- Esta última parte la dice sin sentimiento, susurrando las dosis, y en todo caso las paredes lo graban, nadie olvidara la sentencia...

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Con tu permiso.


lunes, 17 de diciembre de 2007

Ex Inferis. (1ª parte)



Desperté con un horrible dolor de cabeza. La sala bailaba con violencia pero en absoluto silencio. Mierda. Desearía que al menos pudiese escucharme a mi mismo. Pero todo parece sumergido en gelatina de huesos. Las paredes blancas se cierran con espasmos de parto. Soy un aborto que grita y se retuerce entre las sabanas sucias de ayer. La luz del techo se enciende y ahora todo parece de mentira. Las correas de cuero en mis muñecas y en mis tobillos y en mi cintura. Gracias, digo, aúllo, gracias. Una cara amarilla se asoma en la puerta. Parece que me esta hablando. No me importa, no la reconozco. De pronto la piel se funde y se cae con un sonoro plop sobre el piso aséptico del pasillo. Es lo primero que oigo.
Una sonrisa de cal viva sobre piel azulosa. “¿A ver a ver, que pasa? (Nombre irreproducible. Creo que me lo dice a mí.) ¿Pesadillas de nuevo? Tómese esta pastilla... bien, bien, tranquilo. Ya esta despierto.” Y después de eso su bata blanca se rompe y las costillas se le salen como un arpa. La sonrisa se abre y una lengua enorme y azul entra en la habitación, palpando los cartílagos del costado. Un movimiento brusco y arranca las notas del Ave María. ( A veces me han preguntado que qué se siente. Ya sabes, no se bien cómo explicarlo. Es como dormir. ¿No has tenido alguna vez un sueño [pesadilla en realidad] donde te ves a ti mismo desde afuera? Y las cosas pasan a tu alrededor y no puedes hacer nada, ni decir nada. Pero lo sientes todo. Sobre todo el dolor. Porque duele, y mucho...)
Trato de respirar y me doy cuenta que no he dejado de gritar. Entonces entran los Armarios Blancos. Una vez uno me pidió un cigarrillo. Cabrón hipócrita. Me dijo que si necesitaba algo se lo pidiera. Él se encargaría. Le pido que me suelte. Me tira la ceniza en la frente y le dice a su compañero: - ¿no te encanta empezar el día así? Míralo, parece que me quiere decir algo...-grunf- Responde el otro. Los cabellos grasosos se le pegan en la mejilla. Hace calor. Siempre hace calor. Sueltan las correas y a pesar de todo, mi cuerpo se niega a moverse. Ni siquiera puedo cerrar los ojos. Me toman por las axilas y me levantan lentamente. El techo parece caerse y una araña en un rincón, que no se ha movido en toda la semana de pronto desaparece.
Seguro se la comió la cosa que se esconde en las grietas.
La Enfermera termina su sólida interpretación con un fiato agudísimo que rompe mi vaso de agua, lanzando trozos de vidrio por todas partes. Una sombra que pasaba por la puerta cae muerta, con un pedazo enorme enterrado en la garganta. Mi cuerpo despierta, al fin...

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Con tu permiso.

domingo, 16 de diciembre de 2007

La colina del ciprés.

Una gloriosa mañana de un día viernes, las cosas parecían finalmente estar resolviéndose para el solitario morador de la colina ciprés.
Las batallas se habían alejado y el fuego y el humo que todavía salían del horizonte oscuro de Mordor eran cada vez más escasos. Los primeros brotes de la cosecha que se habían plantado hace ya un año lentamente salían de la tierra, tímidamente anunciando que la madre naturaleza estaba dispuesta a darle una nueva oportunidad a los habitantes de la comarca.
Todo esto paseaba por la mente del único habitante de la colina ciprés.
Y a pesar del magnifico desayuno (había logrado conseguir alcaparras de Minas Thirith, y tabaco de Bree, junto con brotes tiernos de cebada de Eriador.) una sombra se asentaba en sus ojos.
Había pasado un año. Doce largos meses desde... los recuerdos se sucedían, dolorosos, implacables. El sonido de los aceros negros y sucios de los orcos, sus rugidos, y los gritos.
Durante noches y noches no podía escuchar otra cosa que los aullidos de dolor, las horribles voces que él nunca imaginó podían proferir gargantas de hobbits.
Recordó como se ocultó en las raíces torcidas del enorme ciprés que le daba nombre a sus tierras, y como había pasado horas sin respirar, temeroso que el mas pequeño ruido delatase su presencia. Ahora se daba cuenta de lo ridículo de sus temores, porque ni aunque lo hubiese querido hubiese podido hacer un ruido suficientemente fuerte como para abrirse paso entre el estruendo de la matanza... porque aquello no fue una batalla, no. ¿cómo podían compararse los fríos metales de las espadas, las pesadas armaduras y los enormes cascos de los orcos con las herramientas de arado de los hobbits?
Aún así, nadie huyó. Nadie escapó del peligro inminente, hasta las mujeres, temblando como hojas grises, empuñaron los cuchillos que sólo horas antes utilizaron para preparar la segunda cena. No, nadie había escapado. Nadie, excepto él.
Y ese recuerdo, más que cualquier otro, lo apesadumbraba. Un dolor lejano recorrió su rostro, y sus manos palparon la cicatriz que recorría su mejilla derecha. Al llegar las tropas de Rohan, que iban camino a Gondor, lo habían encontrado sangrando entre las ruinas, el único superviviente que los monstruos de Saurón habían dejado atrás. Había delirado durante días, gimiendo y retorciéndose entre las sábanas del hospital de campaña. Finalmente despertó, y a su lado había una hobbit, limpiando sus heridas con hojas frescas de arbusto silvestre. Ella le sonrió dulcemente, y mojó sus labios con agua.
Pasaron dos semanas hasta que tuvo la fuerza suficiente para poder caminar, y ella siempre estuvo a su lado. Cariñosamente le cuidaba a cada momento, le alimentaba y velaba su inquieto sueño. Hasta que una mañana, una mañana de viernes le había dado un beso. Fue la primera sensación agradable que sintió en mucho tiempo. Estuvieron juntos, compartiendo las noticias que llegaban de todos los rincones de la Tierra Media, la batalla de Helm’s Deep, la caída de la torre de Sarumán, y las batallas que se sucedían sin tregua por todas partes. Eran tiempos difíciles para ser un mediano. En realidad, para cualquier raza, pues la guerra ni siquiera había perdonado al territorio de los elfos, ni los bosques sombríos del sur. Por ello, las alianzas entre razas tan diferentes como los enanos mineros de Morgul y los bellos elfos de Rivendel eran no tanto una sorpresa como una esperanza para aquellos que no podían hacer mucho, como él. Aunque la verdadera sorpresa, esa que inesperadamente había terminado la guerra, fue una empresa tan increíble y arriesgada que nadie nunca habría pensado que un mediano hubiese podido pensar en emprender, menos aún terminar. Y cuando las torres oscuras se desplomaron y el ojo de Saurón se apagó para siempre, el héroe mas grande no fue un humano, ni un enano, ni un elfo. Los trovadores tendrían que incluir un mapa de la comarca en los gloriosos textos de la historia, pues el salvador de la Tierra Media había sido un mediano, un Hobbit como él.
Por eso su vergüenza.
Y por eso, cuando finalmente pudo regresar a su casa en la colina ciprés, lo había hecho sólo. No pudo soportar que ella lo mirase como un héroe, que tratase de compartir con él el orgullo que ese hobbit había logrado para la comarca con su increíble sacrificio, con su portentosa hazaña. Hasta que una noche, le dijo adiós, la despidió con una carta donde le explicaba el porque decidió volver sin ella a su casa en ruinas, a la colina arrasada.
Quería volver a empezar, olvidarlo todo.
Y así fue. Con esfuerzo y trabajo duro, rompiéndose las manos todos los días, levantó su casa desde los cimientos quemados, plantó uno a uno los árboles de los alrededores.
Y cuidó al ciprés, lo único que milagrosamente había resistido el abrazo del fuego, sus múltiples heridas. Cubrió con emplastos las marcas de hachas, de espadas, de dientes.
Poco a poco todo volvía a ser como antes, y hoy se cumplía un año.
Al final de esa carta, la carta que le había escrito a ella, ese era el tiempo que le pedía para volver a creer en si mismo. Y si ella le amaba, le esperaría y volvería una mañana de viernes, dentro de doce meses.
Esa era la sombra. Ese era su temor. ¿volvería a verla? ¿entendería lo que le pedía?
Recordó sus ojos al despedirse, y sus preguntas sin respuesta, las lágrimas y la boca cerrada.
Algo se derrumbo dentro de él. No, ella no volvería. Se quedaría solo, rodeado por recuerdos dolorosos y amaneceres solitarios.
Bajó la cabeza, y se dispuso a entrar en su casa.
Entonces miró por última vez la colina, y pudo ver que alguien subía, lentamente, y se dirigía hacia el ciprés.
El tabaco de Bree nunca fue tan dulce.

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(Con tu permiso)

Gracias

Con altas voces y luminosas miradas
Cabalgo sobre las nubes en pos de la lluvia.
Nadie conoce el rostro de las estrellas, pero sin verlas las añoro.
Quiero el sol en mis palabras, quiero la luna en mi pecho,
No quiero sombras, ni aquellas en las tardes ni bajo los ánimos amorosos
En tantas siluetas se esconde mi huella, que conozco y he tocado las almas de quienes sin saberlo me nombran
Y el eco de sus susurros sobre el cielo es una cascada de luces maravillosas,
Un mar de olas graciosas me alzan en vilo y me elevan riendo.
La espuma en mis dedos encuentra mis gratitudes,
Y todos los pájaros me ceden sus plumas para recorrer los palacios celestiales.
Las multitudes de corazones que tiemblan son tambores que puedo oír
Como una selva de vidas ansiosas, de temblores de cobre pulido
Me adentro en un bosque hecho de abrazos, de caricias silvestres y besos salvajes.
Nunca estaré solo, nunca mis pasos no tendrán eco,
Ni siquiera en la tierra húmeda de las terribles montañas,
Ni siquiera en el fondo de los volcanes humeantes,
La vida que derraman sus laderas será mi cobija y mi abrigo,
Las nieves eternas de las altas cumbres mi refresco y mi calma.
Y en mis pasos, mis caminos y mis sendas,
A mi lado camina el mundo y sus incontables habitantes,
Y un gato gris que espera los momentos en los que la lluvia refresque su rostro
Gracias por el tiempo en que al abrir las puertas, y todas las ventanas,
Al abrir mis ojos y reír con mi completa paz,
Salude a la mañana con los brazos abiertos
Para beber rocío, y embriagarme de amaneceres.
Quiero soñar con primaveras,
Y sobre todo, gritar con voz muy fuerte
Gracias a esta vida y quienes me acompañan.

(con tu permiso)

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Rupturas...malas para el corazón, buenas para la economía.

martes, 30 de octubre de 2007

Happy Halloween!

Noche de brujas y día de muertos!

viernes, 12 de octubre de 2007

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida...4ª partE


Terminó la hora de clases, de la que debo admitir no pesque mucho, lo único que hice fue mirarlo a él, a sus ojos oscuros que a veces chocaron con los míos, cosa que me produjo mucha vergüenza. Con la chica que a todo esto se llama Patricia Quezada, nos fuimos a tomar un coffee y a fumar a medias por que en esta fecha nadie tiene mucha plata, ahí comentamos del mino de turno, en este caso el profe sin duda lo era, ahí me contó que todas las compañeras, hasta las más tímida, se le presentó de manera insinuante ja ja ja, todas lo acosaban. Luego del coffee break nos fuimos a la biblioteca a terminar un trabajo y él estaba ahí, lo mas seguro es que me siga…si, claro, ahí estaba tan lindo como siempre y mas guapo que nunca con su look de galán de los 50`, la chica escondida lo miraba con cara de babosa, le dije que se calmara, que na` que ver que ver que le profe sepa eso, y me dijo:-“ay, de seguro no te lanzarías a él, si es cosa de verte la cara…no me puedes decir que no” y le respondí :-“ no, no lo haría y a ti no te da el cuero para hacer algo así” y la chica solo asintió, ambas somos muy buenas pal webeo, pero somos súper tímidas, fue ahí cuando a la chica se le ocurrió una descabellada, pero interesante idea…

domingo, 7 de octubre de 2007

Follow the yellow brick roaD


Follow the yellow brick road
Follow the yellow brick road
follow, follow, follow, follow, follow the yellow brick road
Follow the yellow brick, follow the yellow brick, follow the yellow brick road
You're off to see the wizard, the wonderful wizard of Oz
You'll find he is a whiz of a wiz if ever a wiz there was
If ever oh ever a wiz there was, the wizard of oz is one because

Because, because, because, because, because

Because of the wonderful things he does
You're off to see the wizard, the wonderful wizard of Oz!

Bite mE
















Me siento traicionada, rechazada...y algo confundida....putos sentimientos que uno tiene que cargar...pasada a llevar por varios y varias, este año ha sido algo así como una prueba...lo único que quiero es que termine luego...no sé si seguiré soportando más esta prueba.
Me siento vacía, no tengo nada, creo que no soy más que una simple weona que ha tratado de sobrellevar de la mejor manera este maldito año, peor si me detengo un poco a pensar...lo único que hecho es cagarla más, me destruyo de a poco, lo peor de todo es que me doy cuenta y no hago nada al respecto.
Definitivamente este no ha sido mi año, me han dejado abandonada quienes nunca lo creí...ya si sé, sé que nací sola y moriré sola, frase que me repito mil veces por día para darme un poco de aliento, pero uno siempre espera poder contar con alguien.
Nimiedades de las que me preocupo,superara y sobrellevar han sido el tópico del año.

martes, 2 de octubre de 2007

I want to be a pin up girL



Si, quiero lucir as glamorous as bettie page.

lunes, 1 de octubre de 2007

Be a mod girL


Una chica mod tenía reglas: lo primero que había que destruir era la disciplina, después las buenas maneras, para continuar con el sistema de educación vigente. Ser mod significaba ante todo ser brutalmente sincero. Pero no se trataba de una verdadera filosofía. Era más bien una cuestión de actitud ante la vida, de lenguaje, de excesos y, sobre todo, de estética

jueves, 27 de septiembre de 2007


So fucking pinK.
So fucking pinK.
So fucking pinK.

miércoles, 26 de septiembre de 2007


Annabel Lee.
It was many and many a year ago,

In a kingdom by the sea,
That a maiden there lived whom you may know
By the name of Annabel Lee;
And this maiden she lived with no other thought
Than to love and be loved by me.
I was a child and she was a child,
In this kingdom by the sea:
But we loved with a love that was more than love
I and my Annabel Lee;
With a love that the winged seraphs of heaven
Coveted her and me.
And this was the reason that, long ago,
In this kingdom by the sea,
A wind blew out of a cloud, chilling
My beautiful Annabel Lee;
So that her highborn kinsmen came
And bore her away from me,
To shut her up in a sepulchre
In this kingdom by the sea.
The angels, not half so happy in heaven,
Went envying her and me
Yes! — that was the reason (as all men know,
In this kingdom by the sea)
That the wind came out of the cloud by night,
Chilling and killing my Annabel Lee.
But our love it was stronger by far than the love
Of those who were older than we
Of many far wiser than we
And neither the angels in heaven above,
Nor the demons down under the sea,
Can ever dissever my soul from the soul
Of the beautiful Annabel Lee:
For the moon never beams, without bringing me dreams
Of the beautiful Annabel Lee;
And the stars never rise, but I feel the bright eyes
Of the beautiful Annabel Lee;
And so, all the night-tide, I lie down by the side
Of my darling , my darling, my life and my bride,
In her sepulchre there by the sea,
In her tomb by the sounding sea.

martes, 25 de septiembre de 2007


Así odiándome, por lo anteriormente dicho, el tipo este entró a mi prestigiosa casa de estudios, no lo podía creer, mi jodida suerte, pero nunca antes lo había visto.

A penas vi a la chica, mi yunta en la universidad, le conté del tipo este, y me dijo:-“¡Ah! De verás que tú no estabas.” Y yo le dije:-“¿Porqué, qué pasó, quién es?” y ahí la chica me contó que él es un profesor reemplazante de literatura inglesa, le pregunté qué había sucedido con la Ms. Mayer, me contó que había tenido un accidente y bla bla bla.

Luego de ese cotilleo matutino, entramos a la sala, y teníamos clases de literatura, para mi puta suerte.

El entró a la sala, me vio y dijo:-“tú de nuevo, hola, ¡ah! Creo que el sol saldrá hoy un ratito como a las cuatro” yo solo sonreí y asentí. Ahí la chica me dijo que su nombre es Andrés Correa.

domingo, 9 de septiembre de 2007



...Cuando por fin llegué a mi destino, me fui chapoteando las pozas y fumando, es genial santiago cuando llueve, a excepción de aquellos lados donde queda la caga` y ni siquiera puedes salir de tu casa. Chapoteando y fumando, recordé unas fotocopias que tenía que sacar, ya caminé donde la tía Mary, que me cobrara mas barato, a mi ya me conocía, me hacía precio y todo jeje, apenas llegué a la fotocopiadora vi a un tipo, ¡wow!, tan guapo como…como… ¡Aaaaahhhhh! No me acuerdo, me carga cuando no me acuerdo de las cosas, mi defecto…la manía. Verlo me arregló el día entero, la tía mary, que escuchaba radio todo el día, ese día no hizo la excepción, y de pronto “I feel you” él comenzó a tararear, y ahí lo encontré simplemente perfecto, o sea, mino y le gusta Depeche Mode, él sacó sus fotocopias, yo las mías y comenzó a llover mas fuerte que nunca, así que nos quedamos afuera de la galería, yo pensé que ese era el momento perfecto para hablarle, el momento kodak, me puse nerviosa y creo que roja, por que miró con cara de “¿qué onda?” y le dije, con voz temblorosa :-“ ¿crees que salga el sol?” Él me mira fijamente con sus ojos oscuros, y me dice:-“eeeh…no, no creo” Obviamente me sentí más idiota de lo usual. Era evidente que llovería toda la puta semana, me dio tanta plancha que me fui por la vereda del frente...

miércoles, 5 de septiembre de 2007

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.

Desperté el lunes, para ser exacta 9 de junio del 2003, como a las 8 de la mañana, muerta de frío, pensando que recién es lunes y que quedaba una larga semana por delante. A lo lejos se escucha un grito, es mi madre que dice: “-Despierta Magdalena, floja no más, ya son las 8 y entrai a las 9, levántate…” así, y de manera tan amable no me quedó otra alternativa que despertar…

Me vestí muy abrigada, con mis fiel abrigo, estaba lloviendo y hacía mucho frío…caminé hacía el metro, y escuchaba radio en mi walkman, siempre he sido fiel radio escucha, por radio dijeron que las lluvias seguirían todo el día y posiblemente la semana, lo que significaría que lo más probables es que pescaría uno de esos resfríos suicidas que suelen darme por debilucha, tengo la nube negra sobre mí, literal y metafóricamente hablando…luego de la noticia un buen tema, al llegar al metro, de veras que creí que sería la mejor opción, al parecer la mitad de la comuna pensó lo mismo…It was really crowded, mojado y está de mas decirlo…hediondo, eran las 8 y 40 minutos, estaba atrasadísima, para variar, me metí como pude al vagón del metro e instalé al lado de una joven madre, andaba con su guagua como de 1 año, y de pronto ¡guaaaaaaaaaaaaaaaaa!, se puso a llorar en mi oreja, mi día no sería bueno, por eso opté por escuchar música los 30 minutos de viaje, saqué el bloodflowers y lo puse bien fuerte, para no escuchar a nadie, ni siquiera a mi, luego entre Departamental y Lo vial se quedó atascado un par de minutos, por las lluvias y eso, estaba la mansa caga` y yo ya iba a llegar tarde...