sábado, 22 de diciembre de 2007

Chicken run. (1ª parte.)


Desde hacía algunos años, en el sector cuico de la ciudad, se llevaban a cabo ciertas carreras ilegales de autos. A altas horas de la madrugada, en una colina en medio de una urbanización residencial, se corren una suerte de carreras entre jóvenes de la alta sociedad. Ellos son hijos del consumo, de las familias “perfectas”, los grandes apellidos con más de una “R”, el ennui. Adolescentes, a los que los llamados deportes extremos resultan aburridos, ansiosos por escapar de sus burbujas de civilidad, se entregan a estas competencias sin otro afán que el disparo de adrenalina.
La carrera consiste en dos autos colocados uno al lado del otro, y a la señal convenida, parten bajando la cuesta a toda velocidad hasta perderse después de unos segundos.
Corren así hasta llegar a una curva y se declara ganador al ultimo en detenerse antes de chocar con los árboles que bordean el camino. Aparte de los que compiten, no se sabe quien gana o pierde, ya que el final no puede verse desde arriba. Eso era lo “bonito” del asunto, el anonimato tanto de vencedores como de vencidos. Cuántos se habían matado en esto no era seguro, aunque se decía que la cifra se acercaba a los tres dígitos.
La llamaban chicken run.
Esa noche llegamos en el preciso instante en el que dos vehículos partían rugiendo hacia la oscuridad. Un grupo de jóvenes en diferentes coches gritaron y aplaudieron al vernos llegar. Íbamos en un Jaguar negro último modelo, cinco puertas. Una vez detenidos, me baje del auto y pregunté a viva voz:
- ¿Quién sigue?-
Un tipo parado en el borde de la puerta de un hermoso coupé azul marino, marca B.M.W. deportivo del año, que brillaba con reflejos metálicos, me contestó:
- sigo yo...- y haciendo una pausa dramática me apunto con lentitud.- y tú.-
Se notaba que el sujeto se había “tocado” con algo, ya que sus ojos refulgían con violencia y una risa nerviosa lo atacaba por momentos.
- me parece bien, pero el que quiere correr no soy yo...- repliqué.- sino ella-...

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Te dije que no debía.

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