domingo, 30 de diciembre de 2007

El Castillo de ayer. (2ª parte y final)













...Hermosos y enormes tapices de miles de colores distintos, representando animales, sobre todo gatos, colgaban de las murallas. Los vidrios de las ventanas eran vitrales de magnifica belleza, que aportaban con su brillo calidez y solemnidad al iluminado salón, el suelo estaba cubierto por baldosas de dos colores, blancas y verdes y dispuestas en un diseño tan particular que parecía que el suelo se movía. Enormes muebles enchapados en oro se agolpaban en los rincones y ni una mota de polvo o suciedad podía verse en ningún lugar
Y el castillo habló. Le explicó a la niña con voz de años y mármol la historia de su gloria pasada y de cómo una enorme tristeza había cerrado sus puertas y apagado sus antorchas.
Lo que antes fueran risas, cantos, fiestas y bailes, un día se habían ido para dar paso al silencio y el olvido, le contó de cómo extrañaba esa alegría y de las veces que había rogado que el fuego de la luz iluminase su pecho una vez mas, como había pedido llorando por sus torres que una voz una vez mas la habitase y que pasos sonoros y contentos se oyesen una vez mas por sus pasillos. Habían sido tantos sus ruegos y era tanta su soledad que los gatos, esas criaturas de la noche que saben mas que nosotros y tienen menos miedo, habían decidido acompañarlo y hacer menos triste su espera.
La niña lo escuchó mientras sus ojos recorrían todos los salones uno a uno y se noto como se alegraban y brillaban cada vez los cruzaba. Sus ojos vieron esa belleza latente, dormida y ansiosa por ser descubierta, miro la enorme biblioteca y sus muros y muros repletos de libros, como el conocimiento de una vida mordiendo entre las hojas. Esperando.
Y la niña vio a los gatos, miles de gatos de todas las razas y colores que dormían y descansaban aquí, allí y en todos los lugares, como esfinges solemnes habitando en la espera del tiempo.
El castillo, después de terminar de contar su historia, le pidió a la pequeña pastora que se quedase y habitase en el, le ofreció toda su belleza, todo cuanto tenia en su interior, sus tesoros ocultos, sus salones y sus columnas, su riqueza. Le ofreció la vida de una reina, el conocimiento de un hada, el amor de un sueño, le ofreció todo y más con tal de que se quedase y le devolviese la alegría. La niña miró todo cuanto la rodeaba, oyó la ansiosa propuesta y sintió como en silencio esperaba su respuesta, la abrazaba como un manto de terciopelo. Y recordó su casa, recordó los campos por los que corría, sus amigos y su familia, su libertad.
Y dijo que no. Agradeció al castillo silencioso el tiempo que le había quitado y que le hubiese resguardado de la lluvia y que le hubiese mostrado todos sus secretos, pero sonriendo y viendo que la lluvia había cesado se dirigió a la puerta, salió y se fue. Todas las antorchas se apagaron y el silencio una vez mas se hizo dueño del castillo. Al día siguiente la niña volvió al lugar pero no encontró nada. Ninguna construcción se alzaba del suelo y lo que era mas curioso, nadie parecía acordarse de que allí alguna vez hubo un castillo. Solo ella.
Y aquella noche mientras acariciaba su gato antes de dormir se preguntó si quizás aquello no había sido un sueño. Si, fue un sueño se dijo, y se durmió.

Fin.

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Cursi, but...anyway.


"Eres nadie hasta que alguien te ama."

2 comentarios:

el m'ijo dijo...

Hermoso Tamarin, me gusto harto
Es alguna metafora de algo_???

Se puede interpretar de tantas formas, pero es inevitable pensar
en esos castilos (castillas en mi
caso) que te ofrecen 'todo', felicidad asegurada y garantizada,
pero preferimos la libertad y seguir corriendo por los campos con los amigos. pero bueno
esta lindo el cuento. Ademas por
alguna extraña desviacion sicologica mia (si, otra mas)
me imagino todo en formato manga-anime y se veia precioso XD.
Saludos m'ija
_bye
_by_andres

Petite dijo...

es tan cierto eso