jueves, 20 de diciembre de 2007

Ex Inferis. (5ª parte)



...Tengo un sabor metálico en la boca. No puedo cerrarla. Hay un pedazo de plástico en ella. Puedo respirar por un agujero. Sobre mi pecho, manchas de sangre. Al menos no estoy atado.
– ¿Ya despertó?.. ¿Cómo se siente (Nombre impronunciable. Creo que me lo dice a mí.), ubicado? ¿Sabe que día es? ¿La hora?- Tiene que ser una broma.
Mi falta de respuesta le tiene sin cuidado. Podría haber respondido una estrofa completa de “Noche de Paz” y le habría dado lo mismo. No le pagan por escucharnos.
Después de asegurarse que la machina funciona, (deux ex, deux ex) me sacan en una silla de ruedas a la sala de estar. Al parecer tengo visitas. Es una mujer. Los Armarios me observan escondidos detrás de un catatónico. La mujer me acerca una bolsa llena de cosas. Cigarrillos, latas de bebida, chocolates.
La moneda de los locos.
Las aprieto contra mi vientre, me aseguro que existen. Más noticias. Hubo una misa por mí. Todos lloraron, compungidos. (Está oscuro. Luna nueva, me parece. Por aquí nunca pasa nadie. Una mano se posa en mi muslo. Idiota. Aún no me reconoce. Parece sorprendido cuando lo llamo por su nombre. Y se pone a gritar como un cerdo cuando ve el tubo de acero en su frente. Relato como un autómata las cosas que me hicieron, y no puedo evitar sonreír cuando se mea de miedo. Tiembla y se retuerce, y llora cuando le digo que se ponga de rodillas. Aprieto el gatillo, y sus ojos se apagan como una vela. El eco del disparo se pierde entre la maleza. A pesar de estar oscuro, puedo ver la sangre empapando el suelo. Me río, grito, me subo al auto y me voy de ahí. Dejo el cadáver cubierto de miel para que se lo coman los osos. Y después le prendo fuego a los osos. Un infalible plan perfecto.)
La mujer me pregunta como me siento. Tiene que ser una broma.
Se da cuenta que no he dicho nada. De pronto se pone de rodillas y empieza a rezar a gritos, alza los brazos y pone los ojos en blanco. La cabeza se mueve hacia delante y hacia atrás, y la lengua roja salpica una baba rosa sobre todos. Los que pueden empiezan a gritar al unísono, se arrojan al suelo y saltan como peces fuera del agua. El catatónico empieza a hablar en arameo. Su boca se ilumina con rayos eléctricos, levita sobre los Armarios, que se abrazan y gimen, pidiendo un aumento. La Enfermera cae al piso víctima de espasmos religiosos ante la vista del milagro...

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Again.

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