sábado, 23 de mayo de 2009

cosas malas pasan.

Fue la noche mas extraña de mi vida, no pretendía que así fuese...quizás fue el destino o la suerte, o todas esas cosas en las que no creo.
El olor a sangre siempre me agrado, no era algo que solía decir, ya que me imagino no es normal...pero que es normal?
Nunca he sido una persona muy social, me agrada mi soledad y la disfruto de sobremanera. Vivía en un casa dónde se arrendaban habitaciones, la mía era la número 7, "the lucky seven".
El tipo que me arrendaba la pieza donde vivía era el ser más desagradable jamás visto, siempre olía a sudor a vino, debía haber pesado por lo bajo 150 kilos, tenía una mancha en su calva cabeza de color rojo, que se agrandaba cada vez que se enojaba, era simplemente asqueroso, no suelo sentir asco por seres humanos, pero él se merecía todo mi asco.
Tenía un hija de 13 años, la desgraciada de su madre logró escaparse de aquel infierno, la pobre niña no hacía nada más que limpiar, cocinar y aceptar los abusos de aquel bastardo.
Ver aquello me hacía sentir odio y una rabia inimaginada, su rostro infantil imploraba ayuda...no soy una heroína, soy todo lo contrario de hecho. Ni siquiera tengo hogar.
Llegué una noche después de mi trabajo, cansada...sólo con ganas de prender un cigarrillo y beber una taza de café, pero oí el grito mas desgarrador jamás escuchado.
Era la niña de 13 años, llorando y gritando. Su nombre es Clarisa, es castaña,llena de pecas, y con ojos tristes.
El maldito de su padre, después de varias botellas de vino trató de violarla. Los gritos cada vez eran mas fuertes, ya me acercaba más y más.
Cuando llegué a la pieza número 1, la puerta estaba abierta y él dentro de su borrachera intentaba desabrocharse su pantalón. Entré y la niña me miró con los ojos llenos de lágrimas , él al darse cuenta me mira y se abalanza hacía mí, sin dudar y sin pensarlo siquiera tome una de las botellas a medio beber y se la quebré en la cabeza.
Cayó seco al suelo, Clarisa por fín respiró, yo la miré y le dije que me esperara afuera, prendi otro cigarrilo, y comencé a descuartizarlo con una sierra colgada en su habitación, y con una frialdad nunca antes alcanzada, creo que había sido carpintero antiguamente, que pena ya no lo será nunca más.
El olor a sangre era cada vez más intenso, me agradaba. Puse cada trozo en bolsas de basura, no se imaginan la cantidad de perros callejeros que hicieron un festín de aquel desgraciado.
Clarisa sabía perfectamente lo que había sucedido, ella me ayudó a alimentar a los perros...de inmediato limpiamos con agua y amoniaco para quitar rastro alguno de su muerte. El pueblo entero sabía de su alcoholismo, se especuló mucho, que se habría caído al río, etc, etc.
Clarisa y yo esperamos unos días, les dije a los policía que yo me haría cargo de ella..nunca quise tener hijos, eso no va conmigo...
Esperamos un par de meses y luego escapamos. Aveces ella se cuestiona si estuvo bien o mal, yo no...ahora ella es feliz y yo tengo una casa, extrañamente tiene el número 7.